Que ver en Chinchón

Que ver en Chinchón

Durante tu visita a la ciudad de Madrid, se pueden realizar fascinantes paseos por ciudades aledañas. En esta oportunidad visitaremos la localidad de Chinchón, que se encuentra a unos 45 kilómetros de la capital.

Chinchón cuenta con un entorno natural maravilloso, una suculenta gastronomía y preciosos conjuntos arquitectónicos.

El recorrido comienza con la visita al Convento de las Madres Clarisas, una de las primeras cosas que ver en Chinchón, un bello monumento de estilo barroco español, que data del siglo XVII. A unas cuadras camino al centro, se encuentra otro monumento de arquitectura religiosa, de estilo barroco español: la Ermita de San Roque, patrón de la localidad. Tampoco dejes de visitar el Convento de San Agustín, un precioso monumento levantado en el siglo XVII.

El centro histórico de Chinchón se encuentra marcado por la Plaza mayor, que tiene un trazado medieval. Las casas que la rodean son originarias del siglo XV.

Otro edificio muy emblemático es la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, que tardó 100 años en construirse. Durante las invasiones napoleónicas fue incendiada y posteriormente restaurada, por ello presenta una variedad de estilos: gótico, renacentista y barroco. Junto con la Iglesia de Nuestra Señora de Gracia, se encuentra la Torre del Reloj levantada durante el siglo XV.

Finalmente, en relación a la arquitectura civil, sobresale el Castillo de los Condes de Chinchón, construido en el siglo XV de estilo renacentista. Ha sufrido diversos ataques y remodelaciones. Actualmente es una destilería de licores.

En relación a la gastronomía local, no puedes dejar de probar los panificados, los quesos artesanales y los embutidos. A la hora de ordenar déjate llevar por la intensidad de la sopa de ajo y los repápalos. Todos los platos se pueden acompañar con deliciosos vinos locales o licores, especialmente de anís. Déjate llevar por los sabores y la historia de Chinchón.

Ver la Plaza Mayor de Chinchón

Siempre que mencionaban el pueblo de Chinchón, a mí se me venía a la cabeza el anís. Seguro que a vosotros, si no la habéis visitado aún, también. Pero, desde que tienes la oportunidad de visitar este pueblo de la provincia madrileña, situado a unos 45 kilómetros al sureste de Madrid, uno aparca ya un poco el anís, aunque sin olvidarlo, y comienza a asociar otras cosas a Chinchón.

Me quedaría con muchas cosas de este pueblo, como por ejemplo la Torre del Reloj, la Ermita de Nuestra Señora del Rosario, o la vista sobre una loma de los restos del Castillo de los Condes. Pero, a decir verdad, lo que más me impresionó fue su Plaza Mayor, otra de la principales cosas que ver en Chinchón. No pensaba que hubiera una plaza tan hermosa perdida en este pueblo de Madrid.

Ver la Plaza Mayor de Chinchón

A decir verdad, lo primero que hay que decir es que la Plaza Mayor de Chinchón no tiene pérdida ninguna. Parece que el mismo pueblo nos quiere decir que es su tesoro más preciado, ya que todas sus calles nos conducen a ella. La primera impresión es lo bien que se conserva, restaurada y pintada con colores elegidos por votación popular.

La Plaza Mayor es el centro neurálgico de Chinchón, allí donde diríamos que los habitantes del pueblo deben pasar al menos una vez al día. En su tiempo albergó ferias ganaderas, sirvió de clásico corral de comedias en la Edad Media, corridas de toros, ejecuciones públicas… y hoy destaca por la armonía de su belleza.

Cualquiera que la visite verá que es una típica plaza medieval, con largas balconadas y galerías, con casas que datan muchas de ellas del siglo XV. Las casas que la rodean forman un conjunto de tres plantas, y en total 234 balcones de madera, que aquí se conocen como claros.

Curiosamente, cuando se construyó esta plaza se hizo fuera de los límites de las murallas de Chinchón, sobre todo para que tuvieran lugar allí las ferias ganaderas, y la población pudiera acercarse a ellas perfectamente. Dentro de la Plaza Mayor de Chinchón podemos ver su Ayuntamiento, y cada Sábado Santo, acoge la tradicional Pasión de Sábado Santo.

Lo mejor es sentarse en algunas de las terrazas que hay en la plaza, tomar unas buenas tapas y un buen vino y disfrutar de las maravillosas vistas de esta plaza. Así Chinchón ya no os sonará solamente a anís, sino también a una de las plazas más bonitas de España.

Mesón Cuevas del Vino en Chinchón

A mí siempre me había sonado por el anís pero, claro, hasta que no vas y la descubres no te das cuenta que Chinchón es mucho más que esta bebida. Declarado Conjunto Histórico Artístico desde 1974, el centro de esta población es uno de los más pintorescos que me encontré en mi ruta madrileña.

Después de estar un rato paseando por su Plaza Mayor, sus iglesias, ermitas y otros atractivos, le preguntamos a un vecino que nos recomendara un lugar turístico para comer y tomar algo de su gastronomía. Nos habló de algunos lugares, unos más caros y otros más baratos, y nos quedamos con las Cuevas del Vino. Creo que la elección fue muy acertada. ¿El porqué? Ahora os cuento…

El Mesón Cuevas del Vino es un lugar en el que se come y se hace turismo. La bodega de vinos que acoge fue fundada a finales del siglo XVIII, lo que ya de por sí asegura un ambiente íntimo, acogedor, rancio y de abolengo. Todo está acondicionado como serían las típicas casas y bodegas antiguas, de la época. Precisamente en el salón principal hay herramientas que se usarían en los siglos XVIII y XIX.

El camarero que nos atendió (gran trato, todo hay que decirlo, muy cuidado) nos comentó que la casa antiguamente funcionaba como bodega de vino, molino de aceite, lagar e incluso cuadra. Precisamente el aceite está exquisito, como si estuviera elaborado manualmente. Nos comentó que, después de comer, si lo deseábamos (hay que pagar) se podían visitar todas las estancias.

La comida es excelente, de gran calidad. Se elaboran artesanalmente prácticamente todos los entrantes, especialmente embutidos. Del menú habría que destacar los callos, los corderos y cochinillos asados en horno de leña, los guisos tradicionales, las carnes a la parrilla… y por supuesto el vino de la casa, del que ofrecen una variadísima y amplísima carta.

¿El único pero? El hecho de ser un lugar turístico hace que los precios sean un poco caros con respecto a su condición de mesón, pero para daros el pequeño capricho del buen ambiente y la buena comida tradicional merece mucho la pena.

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